SI HICIÉRAMOS EL EJERCICIO
DE ACEPTAR QUE LO NUESTRO ES MÁS IMPORTANTE QUE LO MÍO
En una ciudad
donde habitamos más de 7 millones de personas, con sus afanes, con sus
problemas, con sus inconvenientes en seguridad, en salud y en movilidad por
citar algunos aspectos, la cultura ciudadana toma un valor importantísimo para
poder convivir de manera armónica.
Los bogotanos
y los foráneos que habitan en la capital, son en su gran mayoría, personas de
bien. Madrugadores, trabajadores y honestos. Sin embargo, el ritmo agobiante de
la ciudad nos convierte en seres egocéntricos que siempre estamos buscando la
ventaja frente a nuestros conciudadanos.
Lo vemos en
todas partes, en la fila del banco, en el acceso al parqueadero, en el ingreso
al Transmilenio, en la droguería, en el supermercado, en fin, en todos los
lugares públicos, donde asumimos que nuestra posición individual es más
importante que la comunal. Estamos prevenidos en todo momento. Desconfiamos de
todo aquel que nos rodea, de quienes nos mantienen la mirada en el bus, de
quien se acerca preguntando por una dirección.
El entorno
nos ha vuelto agresivos, así seamos, personas calmadas. Queremos hacer valer
nuestros derechos individuales por encima de cualquier cosa y a cualquier
precio. Sólo por poner un ejemplo, para los usuarios del sistema de transporte
masivo Transmilenio. Al llegar un bus a la estación, las entradas se convierten
en pequeños campos de batalla donde cada quien, sin importar la lógica busca su
destino. Aquellos que quieren ingresar lo intentan a empellones por encima de
aquellos que están descendiendo de los buses, desafiando las leyes de la
física.
Luego, para
los que lograron bajarse del bus, la aventura es impresionante hasta llegar a
la salida de la estación. Hay que sortear todo tipo de obstáculos, como las
aglomeraciones en las otras puertas, los afanados que quieren ingresar por la
única talanquera de salida o simplemente esquivar a quien está hablando por
celular en medio de la estación.
Otro tanto es
para quienes lograron ingresar al bus. Pues el recorrido desde la puerta hasta
una posible silla es eterno, pues si me logro adueñar de un espacio sobre la
línea amarilla o en cercanía a la puerta, estaré garantizando mi fácil salida
en la siguiente estación. Pensarán algunos o mejor dicho, piensa la mayoría.
¿Qué pasaría
si hiciéramos un ejercicio de convivencia ciudadana en el que asumiéramos que
los derechos de la comunidad son superiores a los míos? ¿Si nos diéramos cuenta
que la cultura de lo nuestro, es más importante y más significativa que la
cultura de lo mío? La respuesta no sería muy difícil de encontrar. Seguramente,
viviríamos mejor. Todo sería más fácil. El transitar por los andenes, donde
habría espacio suficiente para hacerlo si los vendedores ambulantes entendieran
que es espacio público y no local de ventas privado.
Si
entendiéramos que el cruce de las calles se hace por las esquinas, respetando
la circulación por la derecha, para evitar tumultos.
Si esperamos
a que quien atiende en la droguería o en el supermercado terminen de atender a
la persona que está antes de nosotros. Si esperamos a que los que necesitan
bajarse del bus lo hagan antes de pretender subir.
En fin, no se
necesita la mejor tecnología del mundo, ni los ojos azules o el cabello rubio.
Ni mucho menos un alto ingreso per cápita. Se necesita la conciencia de que lo
nuestro es más importante que lo mío y que en la medida que entienda ese
concepto, mis derechos serán cada vez mayores y más respetados, y por ende, mi
vida y la convivencia con el resto de ciudadanos será cada vez mejor.
Juan Pablo, tenemos el mismo apellido Pinilla, aunque no se vea entre mis apellidos principales, por ello en aras de encontrar coincidencias entre nuestros antepasados, le invito a consultar el árbol genealógico http://ruedaleon.tribalpages.com la clave de acceso a los familiares con vida es PARCE, si encuentra conicidencias con los antepasados de dicho árbol agradezco informe de ello a rusechem1@gmail.com mi Facebook es Rodolfo Useche Melo.
ResponderEliminarGracias por su atención y oportuna respuesta